La fotografía documental de familia no consiste en buscar una imagen perfecta ni en forzar a nadie a posar delante de la cámara. Consiste en observar. Mi intención es registrar la energía real de vuestro día a día, capturando los momentos tal y como suceden, sin interferir ni dirigir la escena.
Para mí, el valor de un recuerdo está en la autenticidad de una risa, en un gesto cotidiano o en vuestra forma de relacionaros. Por eso, os propongo dos espacios diferentes para hacer las fotos, según lo que os apetezca contar:
– En el exterior: vuestros lugares favoritos.
La naturaleza o las calles de vuestro entorno son un escenario perfecto para que os mováis con total libertad. Un paseo por la playa, una tarde en el campo o una caminata por vuestro rincón preferido.
En el exterior las sesiones son dinámicas; se trata de pasar un rato juntos mientras los niños juegan, corren y exploran, permitiéndome capturar esa frescura y esa interacción de forma completamente natural.
– En casa: la belleza de la rutina.
Vuestro hogar es el lugar donde ocurre vuestra historia real y donde todo el mundo se siente más cómodo. No hace falta tener una casa de revista ni ordenar nada de forma especial. Una tarde de juegos en el salón, el momento del baño o preparar una merienda juntos son escenas cotidianas llenas de significado.
Al final, se trata de crear el mismo tipo de imágenes que nos hacían nuestros padres o familiares cuando éramos pequeños: fotos que quizás no eran perfectas técnicamente, pero que hoy, con el paso de los años, valen oro. Documentar la vida dentro de vuestras cuatro paredes es generar ese archivo íntimo y honesto de vuestra historia hoy.


